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A las 22 horas de la noche del 18 de octubre en el Consejo de la Judicatura de la Provincia de Pastaza se dictaminó una sentencia que, debido a la gravedad de los derechos colectivos vulnerados, ya se define como “histórica”.

 

Al Perijá nos trajo la guerra de los colores. Nuestros abuelos vivieron cómo los azules y los rojos se enfrentaban. Nuestros abuelos fueron los campesinos rojos que corrieron en los años 50, porque los Chulavitas, -que era la policía conservadora- y los Pájaros, los sacaron corriendo de los santanderes, el Tolima, Cundinamarca y el Valle del Cauca, y se refugiaron en el Perijá. Muchos de ellos todavía conservan el carnet del Partido Liberal. Los otros rojos, cogieron las armas y conformaron la guerrilla liberal. La guerra de los colores fue la primera que vivimos los campesinos del Perijá.

“La mayor dificultad para un agricultor familiar siempre ha sido generar una comercialización justa de lo que produce”, dice Natalia Manini, integrante de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), una organización campesina de Argentina que viene dando pasos  para relacionarse directamente con los consumidores.

La semana pasada, indígenas y campesinos de varios puntos del país llegaron a la capital para rechazar la ley que criminaliza la lucha por la tierra. Mientras la policía reprimía a manifestantes, el presidente Mario Abdo Benítez promulgaba la polémica norma.

800 jóvenes de 14 nacionalidades y 18 pueblos indígenas radicados en Ecuador realizaron una bandera humana como acción simbólica para frenar el racismo y la discriminación, a propósito de que este 12 de octubre se conmemora el Día de la Interculturalidad.